martes, 25 de septiembre de 2012

Casanari

Casanari 

 El río revuelto que da nombre a esta infinita extensión de sabana, aquel lugar donde nuestros ancestros cuentan que los seres humanos salimos de debajo de la tierra (Amorúas), mientras unos dicen que el Ocarro o el Cachicamo Ángel Bada Wasinta iban cavando el hueco por donde salimos (Yaruros y Tsiripos), otros dicen que fué un animal de agua que los blancos llaman peces, el que iba delante mostrandonos el camino (Kuibas y Waipijibi)... Por allí salieron los blancos y se dispersaron por el mundo, y también surigieron en la superficie los distintos clanes: Sardina, Sapo, Guacamaya, Tigre, Perro'e agua, Ocarro, Hormiga bachaco, Paujil, Tucano Real, Perro, Danta, Indio Caribe Negro y Astilla de Palo (Tsikuanis). 

Estos son los orígenes de nuestros errantes ancestros, hasta que fueron confinados en los hatos bajo el signo de la Cruz y enseñados en las artes de la ganadería y esclavizados por los blancos, o perseguidos y asesinados como alimañas en la llanura, en el bosque'e galería, en las curvas de los ríos. Así nacieron los bravos centauros criollos que con una lanza en la mano, un sombrero, un caballo, una soga y mucho valor en el pecho, se inmortalizaron en los campos de batalla acosando y derrotando al soberbio Ejército Realista del invasor. 

Luego, las luces del escenario se apagaron, y se prendieron fugazmente durante una y otra bonanza, mientras el llanero raizal, unida su estirpe a la de esos antepasados admirables a través de las aguas del tiempo del Casanari, compone versos bravíos a la sabana, a la mujer, a la libertad y a su caballo. 

 La trenza del agua termina empañada por el hilo del oro negro que lo agota, y que ha dado pie a una vorágine de codicia, corrupción y sangre y que, por ahora, mantiene sometida la estirpe llanera...