martes, 1 de febrero de 2011

...Bizarro, muy bizarro...

Ayer ví algo muy bizarro. Noté que el cartel Regalitis Corruptus se ha estado deteriorando un poco, así que decidí dar la vuelta para registrarlo fotográficamente, y pude ver cómo un hombre lo examinaba de cerca.

Pensé que sería el vigilante del edificio que quería arrancarlo, pero no era así: el hombre se acercó a unos pequeños volantes pegados cerca, raspó un pedazo largo y lo guardó cuidadosamente, y luego intentó hacer lo mismo con el cartel.

Pero en ese momento se detuvo y se quedó contemplando el rostro de la mujer-ángel y, después de murmurar algo, la besó tiernamente en los labios, le dijo algo más, la besó de nuevo rápidamente, y armando el porro, se alejó caminando.
¡Ah, qué lástima no saber qué poesía declamó este hombre, qué promesas le hizo a la mujer-ángel, qué propósitos sin cumplir y cuál el grado de empatía que tuvieron!

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