lunes, 30 de marzo de 2009

Yopal -- La Ciudad No Imaginada

El mítico bosque de yopos asentado frente al piedemonte, rodeado de selvas generosas y regado por un río ancestral, fue durante cientos y cientos de lunas el sitio de encuentro sagrado de curacas guahibos, quienes esnifaban ritualmente las semillas del árbol venerable y así se contactaban con el mundo de los dioses ahora olvidados.

Cuando los yopos empezaron a caer para dar paso a los corrales donde se encerraría el ganado traído de la extensa sabana, y que sería llevado por el camino de piedra hacia ciudades escondidas entre los huecos de las montañas, un viejo curaca sumido en el éxtasis del yopo levantó su huesudo dedo y, señalando más allá de la hoguera ante la que se calentaban guahibos y vaqueros por igual, diri´gió sus ojos brillantes hacia el centro mismo del otrora majestuoso yopal y predijo:

Aquí será la ciudad no imaginada que se extenderá dorada bajo el ardiente sol y
centelleará de noche en medio del mar verde de la sabana infinita... (1)


Pero nadie le creyó ni le puso atención, más embelesados en los recios acordes del joropo y en contemplar la luna redonda en medio del cielo, que confería un ambiente propicio para los cuentos de ganados bravíos, toros machiros, caballos corcoveadores, hombres verracos y enamorados y para hechar coplas y tiros al viento.

Muchas décadas después y de manera sorprendente la antigua parada de ganados se conviritó en un pequeño pueblito concebido al calor de un motín, y luego sería la capital de Casanare. Aunque ya no hay casi yopos luchando por alcanzar la luz del sol en medio del asfalto, los edificios de apartamentos han reemplazado al árbol ancestral y como gigantes se elevan en medio de la ciudad apuntando al cielo.

Aquellos que cruzan a prisa el emplazamiento del bosque de yopos no nos detemos ante uno de esos venerables ancianos, quienes fueron por mucho tiempo la puerta de acceso al mundo de los espíritus y del mundo sin tiempo.


La Ciudad No Imaginada ya está aquí... creciendo, agitándose, buscando interpretarse y ser interpretada, queriendo expresarse a través de las bocas y manos de sus habitantes que la enfrentan y la viven sin conocerla, o de pronto si la reconocen en lo más íntimo de sus corazones.

La sonrisa ebria de yopo del viejo curaca, a quien en su tiempo le trataron de loco, se dibuja ahora en cada esquina de la ciudad no imaginada que un día lejan observó, no con los ojos de la razón, sino con los invisibles y penetrantes del corazón.

(1) Idea original del Maestro Celso Román, consignada en el cuento "El hilo de la vida", publicado a guisa de introducción en la página 12 del libro Catena Manoa "Todas las aguas", elaborado por Taller de la Tierra, editado por Cristina Uribe Editores y publicado por la BPX Colombia. Primera edición de febrero de 1995. ISBN 95734-0-1

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2 comentarios:

Anónimo dijo...

revise los blogs y los videos, llama mucho la atenciòn como a traves del arte callejero se puede expresar los sentimientos y emociones de la poblaciòn y aùn mas en estos tiempos en que es dificil dar a conocer su palabra no por que no hayan medios sino por que apesar que seamos un paìs democratico cada dia somos mas sensurados, perseguidos.......

Altayre dijo...

La paradoja de la democracia es que no pueda soportar cieras opiniones que no coincidan con la de la mayoría, en lo que se le ha dado a llamar "la dictadura de la mayoría".

Te agradezco por tu comentario, anónimo, y quiero compartirte un grafitti que leí en Bogotá al respecto de tu entrada: "Cuando la prensa es canalla, que hablen las murallas".